XII FESTIVAL SARTAÑANI WASURU QHANAMPI CONSOLIDA A ORURO COMO CORAZÓN DE LA MÚSICA AUTÓCTONA ANDINA

Durante dos días, la ciudad de Pagador volvió a ser escenario de un diálogo profundo entre el pasado y el presente. La Casa de la Cultura, acogió el viernes la XII versión del Festival Internacional y Nacional de Música Autóctona Sartañani Wasuru Qhanampi.

El sábado, la celebración se trasladó a las calles, donde la música ancestral convirtió el centro orureño en un museo vivo.“Levantarnos con la Luz de Ayer”: 40 años sosteniendo la identidad.

El nombre del festival no es casual. Sartañani Wasuru Qhanampi significa en aymara “Levantarnos con la Luz de Ayer” y rinde homenaje directo al Centro Cultural Autóctono Sartañani Wasuru Qhanampi, fundado en Oruro el 12 de abril de 1985. Durante cuatro décadas, la institución se ha consolidado como baluarte en la reafirmación de las identidades originarias.

Su trabajo se centra en el rescate, enseñanza y difusión de la música y danza andina, con énfasis en instrumentos como la zampoña, tarqa, pinkillos y bombos. El festival es la materialización de ese espíritu: mantener vivas las raíces que sostienen a los pueblos.

Viernes: Mosaico sonoro en la Casa de la Cultura

El auditorio se llenó de texturas y timbres milenarios. Las delegaciones mostraron la diversidad sonora de la región andina:Cochabamba: El Conjunto Autóctono Ayllu Ñam trajo los aires del valle con tarqueadas y moseñadas que dialogan con la siembra y la cosecha. La Paz: La Fraternidad Porvenir Aymara, referente en la capital, presentó su custodia de danzas ancestrales como los Awatiris y ejecutó ritmos de Quena Quena, expresión ligada a la ritualidad y la comunidad.Oruro: Los locales Conjunto Autóctono Sajama, Puquina y Jatun Sonqo Wayra fueron anfitriones con repertorios propios de sus ayllus, donde la música es territorio y memoria.

Perú: Desde Puno-Juliaca llegó una delegación con la danza del soldado Palla Palla, manifestación emblemática de la provincia de Yunguyo. Palla Palla: Disciplina y resistencia desde YunguyoLa presencia peruana marcó uno de los momentos más comentados. La danza del soldado Palla Palla es de carácter milenario y guerrero. Tradicionalmente ejecutada por hombres conocidos como “soldados”, muchos de ellos licenciados del servicio militar que mantienen porte y disciplina. Su núcleo es el “contrapunteo”, una competencia que pone a prueba fuerza y resistencia de los participantes.

Aunque suele presentarse en Semana Santa y en el Carnaval de Yunguyo, en Oruro se mostró como símbolo de hermandad transfronteriza, recordando que la cultura aymara y quechua no conoce límites políticos.

Sábado: Cuando la tradición camina la ciudad

Si el viernes fue de escucha atenta, el sábado fue de participación. Un vibrante pasacalle recorrió el centro de Oruro. Suri sikuris, jula julas, tarqueadas y quena quenas se mezclaron con el tránsito cotidiano. Familias enteras salieron a las veredas. Turistas grabaron con sus celulares. Niños imitaron los pasos de los Awatiris y de los soldados Palla Palla. No fue un espectáculo para mirar: fue una experiencia inmersiva donde la ciudad se reconoció en su espejo más antiguo.

Los instrumentos charango, zampoña, quena, bombo, reco reco y pututu— no sonaron desde una tarima lejana. Resonaron a centímetros del público, recordando que esta música nació para la comunidad, para el trabajo, para el rito.

Más que folklore: Patrimonio que respira

Oruro es mundialmente conocida por su Carnaval, Obra Maestra del Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad. Pero eventos como Sartañani Wasuru Qhanampi demuestran que la vida cultural de la ciudad va más allá de febrero. Aquí la música autóctona no es pieza de museo. Es práctica diaria, es forma de organización social, es pedagogía. Los conjuntos participantes no son solo artistas: son guardianes de técnicas de construcción de instrumentos, de calendarios agrícolas cantados, de historias que no están en los libros.

La palabra del Tata JilakataRené León, Tata Jilakata Mayor del Centro Cultural Autóctono Sartañani Wasuru Qhanampi, cerró el encuentro con un mensaje claro: “Este festival es más que un evento musical. Es un homenaje a la identidad boliviana y andina. Es un espacio de encuentro y reafirmación de raíces culturales que perduran y evolucionan. A través de la música y la danza, Oruro demuestra su compromiso con la preservación y difusión de un patrimonio invaluable para el mundo”.Fronteras que une la música.

La presencia de delegaciones de La Paz, Cochabamba, distintas provincias de Oruro y de Puno, Perú, subraya un hecho: los Andes comparten una columna vertebral sonora. La zampoña de Sajama dialoga con la del Palla Palla. La tarqa cochabambina responde al pinkillo paceño. En tiempos de discursos que separan, el XII Sartañani Wasuru Qhanampi recordó que hay lenguajes más antiguos que las fronteras. Y que, en Oruro, cada año, esos lenguajes vuelven a levantarse con la luz de ayer.

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