
Santa Ana, San Ramón y San Joaquín enfrentan una grave escasez de gasolina, lo que ha obligado a las autoridades a implementar la venta restringida del carburante en bidones para sectores productivos como la ganadería, la agricultura y la actividad forestal. Mientras tanto, cientos de conductores realizan largas filas en busca de abastecimiento, y en Trinidad se elevó el racionamiento de quince mil a veinte mil litros por surtidor para mitigar la demanda.
La crisis golpea directamente la economía beniana, donde el transporte y las actividades clave dependen del combustible. YPFB y las autoridades locales administran los escasos volúmenes disponibles con medidas temporales, mientras la población espera una pronta normalización del suministro.