
Corre en los pasillos de la Asamblea Legislativa Plurinacional un proyecto de ley por el cual se pretende monetizar los llamados desmontes
Por José Pimentel Castillo
Corre en los pasillos de la Asamblea Legislativa Plurinacional un proyecto de ley por el cual se pretende monetizar los llamados desmontes, colas y relaves, elementos que son patrimonio de COMIBOL, institución estatal a la que por mandato constitucional se dio derechos mineros para su explotación, industrialización y comercialización.
Estos descartes provienen de la explotación minera desde la época de la colonia, son materiales formados con los desechos de la minería que la tecnología de entonces no permitía recuperar el 100% de los materiales valiosos contenidos en el mineral, además de contener elementos envolventes (tierra, etc.), nada interesantes. La explotación se orientaba a los yacimientos que tenían elementos casi puros, como el rosicler y la alpaquita en el caso de la plata, a las vetas con más del 30% de ley en el caso del estaño; su concentración era por procesos gravimétricos, prácticamente sólo una limpieza. Si bien la explotación era sobre vetas, para ser explotadas se requería de socavones y galerías para el desplazamiento del minero, generando una carga que debía ser sacada al exterior mina, para continuar el avance hasta llegar a la veta. La misma veta estaba encajonada en material estéril, acompañante hasta el proceso de concentración; el descarte es lo que se llama desmontes, según el tamaño del grano, pueden ser arenas o colas.
Así por años se fueron acumulando enormes cerros: en Siglo XX el desmonte contiene 90 millones de toneladas, es granza de una pulgada de espesor, en Catavi las arenas son de 20 millones de toneladas. En la práctica productiva, los trabajadores los consideraban reservas, es decir factibles de ser procesadas con una mejor tecnología o ser tratadas nuevamente, como en el caso de Huanuni, donde enormes dunas de arena desaparecieron al ser retratadas en Machacamarca. Hasta hace poco estos yacimientos eran considerados pasivos ambientales cuando contenían azufre, su exposición al aire libre por la lluvia o el viento provoca aguas ácidas y polución, así muchos desmontes fueron encapsulados, como en San José, Telamayu, Tatasi, a un alto costo económico.
En el costo de producción, la extracción mina es el ítem más costoso. Si tomamos en cuenta que la recuperación del mineral en promedio es del orden del 50% del mineral principal, el otro 50% está en estos yacimientos. Por otro lado, en general los yacimientos son polimetálicos; en la práctica la explotación es de uno sólo, por la determinación del precio del mercado, así estos yacimientos contienen otros elementos tradicionales con alto contenido de estaño, plata, zinc, plomo, cobre, bismuto, wólfram. Además, están los metales raros como el titanio, indio, cadmio, galio, cobalto, que con pocos contenidos tienen un alto valor.
Es esta riqueza que se quiere monetizar, para ser claros: vender; al capital extranjero les interesa extraer el mineral y no su industrialización. Los yacimientos son del pueblo boliviano, el Estado le ha dado a COMIBOL el derecho del usufructo para crear valor, para el beneficio de la nación; de ninguna manera puede enajenarse: “El derecho minero en toda la cadena productiva así como los contratos mineros tiene que cumplir una función económica social ejercida directamente por los titulares.” (CPE, Art. 370, III). Lo máximo que se puede hacer es una asociación con una participación mayoritaria suya. Tal vez sea esta la razón por la que el proyecto de ley encarga esta tarea a una unidad del Ministerio de Minería, cuando por norma este despacho está prohibido de hacer acciones operativas, aunque sea vender.
Si el Asambleísta realmente se preocupa por los descartes, que investigue qué pasa con los desmontes de Paca, que explota directamente una empresa china, sin tener Contrato de Asociación, los desmontes de Portugalete, Mesa de Plata y Asientos, que desaparecen sin explicación alguna, o escuche la alarma de los pobladores de Atocha por el traslado, sin rumbo conocido, de los desmontes de Telamayu, ni que decir de la explotación, en plena ciudad, del patio de las oficinas de COMIBOL en Oruro, al pie del Santuario del Socavón. Para qué tendremos tanta riqueza, si no sabemos cuidarla y disfrutarla.



