
La Asunta, epicentro de la fiebre del oro, vivió una jornada de violencia. Enfrentamientos entre pobladores, heridos y la quema de vehículos y maquinaria marcan el punto más álgido del conflicto por la explotación aurífera en el río Boopi. La disputa, que enfrenta a comunidades locales con una presunta empresa china, revela la creciente tensión por el control de un territorio con alto potencial minero y los millonarios ingresos que genera el metal precioso.
El trasfondo económico es innegable. Con el oro alcanzando precios históricos, Bolivia exportó más de 622 millones de dólares en 2025, y La Paz concentra el 61,9% de ese valor. Sin embargo, la riqueza no llega a las comunidades, que denuncian contaminación y la alteración de su cauce. Mientras las autoridades investigan la legalidad de la operación, el conflicto deja en evidencia el dilema entre el desarrollo económico y la protección del territorio.