
Con la llegada de noviembre, las familias bolivianas se preparan para celebrar Todos Santos, una festividad marcada por el recibimiento de las almas de los seres queridos que fallecieron. El centro de esta celebración es el Mast’aku, un altar cuidadosamente elaborado que, según la creencia, debe estar listo el 1 de noviembre exactamente a las 12:00 del mediodía, momento en que las almas regresan al mundo terrenal. La organización del altar responde a la cosmovisión andina de los tres espacios: Janaj Pacha (mundo de arriba), Kay Pacha (vida terrenal) y Ukhu Pacha (mundo de abajo).
Cada elemento del Mast’aku cumple una función simbólica: las t’antawawas representan el cuerpo del difunto; las escaleras de pan simbolizan el camino de llegada y retorno de las almas; los caballos de masa transportan sus provisiones; la caña de azúcar es un bastón para facilitar el recorrido del espíritu; el agua calma su sed; las velas iluminan el camino y la cruz de pan representa la protección divina. La celebración concluye el 2 de noviembre al mediodía con el despacho de las almas, cuando vecinos y visitantes participan en rezos a cambio de masitas tradicionales, y posteriormente los mast’akus son trasladados a los cementerios para continuar los homenajes sobre las tumbas. Así, Todos Santos se convierte en una expresión de fe, memoria y encuentro familiar que mantiene vivas las tradiciones transmitidas de generación en generación.