
La escasez de diésel ha reducido drásticamente la operación del transporte interdepartamental en Bolivia, afectando tanto el flujo de pasajeros como la distribución de encomiendas. Según testimonios del sector, la capacidad operativa ha caído a entre el 10% y el 15%, poniendo en riesgo la sostenibilidad de las empresas y generando una cadena de problemas logísticos que se extiende por varios departamentos.
En Oruro, un paciente oncológico espera una semana por un medicamento que debía llegar en un día; en Santa Cruz, los choferes hacen filas desde la madrugada para cargar combustible; y en terminales terrestres, las encomiendas se acumulan por falta de buses. A pesar de los anuncios gubernamentales sobre la normalización del abastecimiento tras el levantamiento de bloqueos, las largas filas en los surtidores persisten desde hace más de un mes, agravando la crisis.