CH’UTILLOS: DE MULLU PUNQU AL SANTO QUE HOY HACE BAILAR A POTOSÍ

Antes de las bandas de bronce y las fraternidades, Ch’utillos tenía otro origen. En las formaciones rocosas de Mullu Punqu, hoy sede del santuario de San Bartolomé y San Ignacio de Loyola, los pueblos originarios dejaron un culto que atravesó la conquista. Ese espacio sagrado cambió de símbolos y dio paso a la festividad que cada agosto llena Potosí.

En 2023 la Unesco inscribió a “Ch’utillos, Fiesta de San Bartolomé y San Ignacio de Loyola, encuentro de culturas en Potosí” en la Lista de Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. El organismo reconoce que forma parte del patrimonio de la nación indígena Q’ara Q’ara y la vincula con la preparación de la tierra, el inicio del ciclo agrícola y las ofrendas a la Pachamama.

Para los pueblos prehispánicos el Cerro Rico era una wak’a, un lugar de protección y culto. Investigadores de la Sociedad de Investigación Histórica de Potosí señalan que la antigua denominación wak’a Potojsi se relaciona con el nombre de la ciudad. Esa visión explica por qué la fiesta mantiene rituales de agradecimiento a la tierra y por qué comunidades rurales aún participan con su música, vestimenta y saberes.

En Mullu Punqu, conocido como La Puerta, se levanta el santuario y la llamada Cueva del Diablo. La tradición cuenta que San Bartolomé encerró allí al demonio. Estudios de Juan José Toro Montoya ubican el sitio como espacio de culto indígena antes de los españoles. En 1589 los jesuitas entronizaron a San Bartolomé, y el antiguo ritual se integró a la nueva devoción católica sin desaparecer del todo.

El nombre Ch’utillos también tiene varias lecturas. Se lo relaciona con el kusillo andino, con un tipo de poncho del norte potosino, o con jinetes solteros que desfilaban disfrazados y “ch’utillaban” jugando. No hay una sola versión. El término sobrevivió entre documentos, relatos y cambios culturales hasta nombrar a la fiesta que hoy mezcla lo indígena y lo católico.

Con el tiempo la celebración salió del santuario a las calles. Hoy reúne danzas autóctonas, folklóricas, artesanos, músicos y gastronomía como el ají de achacana. Para 2026 la agenda central incluye la Bajada a La Puerta el 24 de agosto, entradas los días 28 y 29, y el cierre el 30.
Bajo los trajes y las máscaras sigue viva la memoria de una geografía sagrada que hace que cada agosto Potosí vuelva a bailar.

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